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PARA CAPTURAR A RODOLFO ORELLANA LOS COLABORADORES EFICACES FUERON CLAVES

Llamadas reveladoras. Los números telefónicos de la mafia entregados por los colaboradores 'Nene' y 'Celav-002-14' a la fiscal Marita Barreto permitieron confirmar que, desde Colombia, el prófugo mantenía operativa a la organización y que incluso mandó a vender bienes en poder de sus testaferros.

Desde hace mucho tiempo, los efectivos de inteligencia de la Dirección Nacional Antidrogas (Dirandro) no habían soportado tanta presión como la de estas últimas semanas. La directiva del Ministerio del Interior era lograr, lo más pronto, la captura del hombre más buscado en el Perú. No era un secreto entre los efectivos que esa orden respondía al objetivo de callar las voces de quienes aseguraban que no había interés por capturarlo.

Los datos claves para empezar la cacería del empresario buscado a nivel internacional llegaron recién a fines de setiembre, cuando la titular de la Fiscalía Especializada en Lavado de Activos, Marita Barreto, confirmó que tenía dos personajes del entorno de Orellana prestos a colaborar con la ubicación y captura del empresario fugitivo desde el 1° de julio.

El primer colaborador quizá fue quien más contribuyó a revelar aspectos desconocidos de Orellana al proporcionar varios de los teléfonos celulares con los que la pareja del abogado, Carolina Ester Morales Schaus, se comunicaba con este. También habló de su antigua sociedad con personas vinculadas al mundillo del narcotráfico.

Los escuchas y analistas de “Constelación”, el programa de escuchas electrónicas auspiciado por el gobierno de los Estados Unidos, comenzaron a interceptar las 24 horas del día los números proporcionados por el colaborar CELAV-002-2014

Por ser el “Caso Gordo” un tema de prioridad para los jefes policiales y el gobierno, este fue etiquetado con el “color rojo” de urgente, al tiempo que algunas escuchas de casos de narcotráfico y crimen organizado fueron suspendidas. Por dos semanas, ingresaron al disco duro de las computadoras del programa conversaciones irrelevantes, al punto que se creyó que se grababan los números de celulares equivocados.

¡Hable con el gordo!
Esto cambió la medianoche del 15 de octubre, cuando una serie de llamadas efectuadas por la pareja de Orellana Rengifo llamó la atención de uno de los escuchas de turno. Una conversación, al parecer sin mayor trascendencia, confirmaba al final que Orellana estaba en contacto con su esposa y que seguía monitoreando, a través de terceros, la operatividad de su organización.

Desde uno de los tres números telefónicos que usaba indistintamente Carolina Morales, esta mantuvo una conversación con alguien al que llamaba “Iván” o “Doctor”, al parecer, uno de los encargados de su defensa legal: “Doctor, hablé con el Gordo”.

De la conversación entre ambos, llena de frases cifradas, se sugería que el personaje “Gordo” se encontraba en un lugar cuyo clima era cambiante. Se mencionó que en los últimos tiempos le había contado que “había llovido mucho por allá”. No indicaban en ningún momento el lugar.

Los analistas de la Dirandro creyeron que el Gordo podía estar ocultándose en algún punto de la selva peruana, más aún cuando se sabía que él tenía muchos contactos en Tarapoto y San Martín desde los años noventa, cuando se hizo conocido como abogado de acusados por narcotráfico.

En otra comunicación horas después, Morales insiste en que apure el trámite en Reniec de la partida de su menor hija “Valery”.

Luego, “Doctor” indica que en esos días estaría presentándolo para que surta efecto en “Pucallpa, Lima o Trujillo”, aunque considera que las partidas corregidas y actualizadas de Pozuzo debía enviarlas a Huánuco”.

“Carolina” da a entender que es imprescindible para ella obtener un DNI de su hija para salir del país. Al final ella le entrega a su interlocutor un número telefónico para que se comunique con “Él”.

Estas comunicaciones y las referencias al clima hicieron suponer a los agentes de inteligenci que Orellana podría estar ubicado en Pozuzo, en la provincia de Oxapampa.

Sin embargo, posteriores conversaciones permitirían establecer sus desplazamientos hasta su escondite final en Colombia, pero también coordinaciones para preparar la fuga de la familia.

El nene se apunta
Además del colaborador CELAV-002-2014, aparece en las oficinas de la fiscal Marita Barreto otro personaje cercano al círculo íntimo de la sociedad Orellana. Este sujeto identificado por la fiscal como el “Nene”asegura saber qué personajes le brindan protección en la clandestinidad a Orellana y con qué aparatos celulares se comunican con el prófugo.

Gracias a los números entregados por el “Nene”, el 16 de octubre, “Constelación” –con autorización judicial– grabó conversaciones entre Carolina Morales y un personaje identificado como “Antonio”. De acuerdo con la información del mismo colaborador, se entiende que el tal “Antonio” era de “extrema confianza" de Rodolfo Orellana.

El confidente afirmó a la fiscal Marita Barreto que “Antonio” –por encargo directo de Orellana– vendría coordinando acciones para vender clandestinamente propiedades que la organización habría obtenido ilícitamente. “Antonio” estaría coordinando con los testaferros para que las vendan en el menor tiempo posible.

“El dueño de Tumbes”
Con la información proporcionada por los dos colaboradores eficaces justificó que la fiscal y el juez del caso autorizaran al programa de la DEA ampliar la interceptación a otros 10 números telefónicos.

Otros nombres y apelativos aparecieron en la lista, gente al parecer dedicada a proteger los intereses de Rodolfo Orellana en el Perú, hasta el final. Nuevas conversaciones indicaron que el prófugo estaba definitivamente al norte del país.

Un personaje identificado como “Carlos” llamó muy temprano a “Manuel” para señalarle que en ese momento estaba “en compañía del dueño de Tumbes” y quien tenía toda la documentación necesaria para entregar al “Principal”.

No había duda para la Fiscalía de que los personajes en el hilo telefónico chuponeados reunían papeles para llevárselo a su escondite más allá de la frontera con Ecuador.

Las posteriores grabaciones del programa y el análisis del equipo especial de la Dirandro confirmaron que Orellana se escondía en Cali, Colombia. Entonces, las investigaciones se trasladaron hacia esa ciudad, con el apoyo de la DEA y la Policía de ese país, que accedió a cooperar.

Lo demás ya es conocido. La fiscal se trasladó a Colombia y Orellana fue detenido y expulsado de inmediato. (La República)

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